No escribo de día porque prefiero escribir de noche -aunque siempre estoy cansado- porque la noche es casi siempre fresca y fresa, y nocturna, y oscura. Y, a veces, genial.
En realidad no escribo ni de día, ni de noche y mucho menos soy el escribidor, el escribidor era mi abuelo que no tuvo mejor idea que morirse antes de publicar su última novela -Poemas conjuntamente creados con César Calvo-, o sea, ni escribo como Calvo, ni como Borges, ni como mi abuelo, ni como el escribidor.
Yo cuento, a mí me gusta contar historias, contar cuentos y contar todo lo que se pueda contar, incluso los granos de arroz, esos también los cuento, por eso sé que en un kilo de arroz vienen aproximadamente diez mil granos de arroz.
Sabiendo que no soy un copado y mucho menos un genio -como me gusta que me llamen, sólo para reírme- me dedico a contar historias adulteradas y cargadas de mucha ficción.
Digamos que me definiré en la líneas siguientes:
"Diseñador naive, cocinero empalagado y narrador ensimismado"
Es raro que me esté desvelando por escribir algunas líneas que nadie leerá, de eso estoy seguro, y mucho menos entenderá. O simplemente pensarán que se trata de "uno" más. Está decidido, así muera de hambre, escribiré. Y nunca más volveré a mencionar -y alimentar su puto ego- a los muertos o a las muertas, o los que morirán pronto o más cerca que pronto. Tal vez mañana. O a las que se les ocurrió morirse junto con mi abuelo el penderejete escribidor.
Es raro que me esté desvelando por escribir algunas líneas que nadie leerá, de eso estoy seguro, y mucho menos entenderá. O simplemente pensarán que se trata de "uno" más. Está decidido, así muera de hambre, escribiré. Y nunca más volveré a mencionar -y alimentar su puto ego- a los muertos o a las muertas, o los que morirán pronto o más cerca que pronto. Tal vez mañana. O a las que se les ocurrió morirse junto con mi abuelo el penderejete escribidor.
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