sábado, 19 de diciembre de 2020

Jubilado

Estoy molesto porque mi padre no quiere comprarme una departamento para vivir en Lima y porque no quiere adelantarme más de la herencia anticipada que ya no es anticipada. Estoy molesto porque mi madre no quiere que me quede unos días con ella. Estoy molesto porque ella, no lee lo que escribo. También estoy cabreado porque mi esposa tampoco me lee -seguro para preservar nuestro matrimonio- y si le pregunto por alguna de mis publicaciones hace como si las hubiera leído.

Estoy hasta los cojones de mi hermana Miriam porque además de no leer lo que escribo, me debe cien mil dólares. Me mintió y me aduló hasta que invertí  la plata en un juego piramidal que salió mal. No solo eso, también me robó el coche para irse de fiesta con sus amigos de Barcelona. Es una cabrona, me encanta su viveza y su picardía, tiene como un fuego interior que hace que nunca pare de meter la pata e intentarlo otra vez y así muchas veces, yo a su edad era bastante más tranquilo y cómodo. Es mi hermana menor y la quiero mucho, aunque  ella no lea lo que escribo.

También estoy molesto con mi vecino Jose, que siempre está haciendo ruidos de viejo borracho y solitario, siempre gritando y moviendo cosas a altas horas de la noche. Y, que cuando está borracho, beodo y achispado, pone la música a todo volumen y retumba por toda mi casa. Cuando esta alicorado es más buena gente que cuando está sereno. Porque cuando está sobrio, cuando no ha chupado una semana entera, es retraído y no saluda. Como si supiera dentro de sí, que yo sé que es un borracho tonto y medio maricón. Yo lo sé Jose, a ti te gusta comer a veinte uñas, putita.

Estoy muy enfadado con mi padre porque no ha cumplido el trato que teníamos respecto a mi retorno a Lima y ahora me tengo que quedar un invierno más en Europa y eso no me gusta porque no me gusta el frío extremo que hace en los Pirineos. No quiere regalarme un departamento en Lima. Estoy bastante harto y ya me di cuenta que se ha vuelto tacaño y un poco mamerto. Es generoso pero no sé que le ha pasado últimamente. 

Mi madre, que todos los días dice que me extraña, se ha negado sutilmente a que me quede unos días en su casa mientras buscaba un lugar cómodo para vivir en Lima. 

Tristemente, mi S, el amor de mi vida, tampoco me lee, dice que me lee pero no entiende los que escribo y no le gusta, por eso no me lee, dice que no tiene tiempo y que leer un poquito ya le da mucho sueño y se entrega a los brazos de Morfeo.

En cambio, estoy feliz porque estoy jubilado a los treinta años y tengo tiempo para estar en casa con mi S, y con Emma, nuestra hija. He decidido, y estoy muy orgulloso, no volver a trabajar nunca más en mi vida. Voy a dedicarme a tiempo completo a ser un amo de casa, y a escribir cuando Emma me lo permita.









No hay comentarios:

Publicar un comentario