martes, 28 de diciembre de 2021

Derechita

 Yo, desde chica, he sido muy de derecha, Nunca he sido comunista, tan bruta no soy. He sido marihuanera, pero no comunista, he sido marihuanera de derecha. He sido coquera, pero no izquierdosa, he sido coquera pero conservadora, creyente en el libre mercado. He sido inquieta sexualmente, casi digamos promiscua, y he tirado con chicos de izquierda en la universidad, pero siempre me ha parecido que tiran mejor los de derecha. Los amantes de izquierda que he tenido hablaban y hablaban y no concretaban y además no eran demasiado higiénicos y después tenia que dejarles un billete servicial para el taxi. Cuando me he ido a la cama con un derechista religioso, ha sido siempre un incendio, una cosa tremenda, llena de culpas, violencia física, palabras vulgares y rezos en latín. Los derechistas son más reprimidos y más culposos, pero también más fogosos, eso me consta. No hay derechista que no sea pajero y no le guste que le meta el dedito en el culito. Cómo alucinan cuando les cosquilleo la próstata: me gusta iniciarlos, sembrarles a duda, que no se sientan tan seguros de su virilidad empresarial. El problema con los derechistas religiosos es que no se ponen condón, no saben ni cómo ponérselo los tarados, se lo ponen al revés y se les baja la tirita al toque, y entonces con ellos todo tiene que ser a pelo, al natural, con los riesgos consiguientes y subsiguientes. Pero yo me cuido desde chica y me he acostado con muchos derechistas sin condón y casi siempre metiéndoles el dedito, cómo goza un derechista fanático del Opus cuando le enseñas la tercera vía, es como darles un golpe de estado en secreto, como disolverles el parlamento ( porque todo orto parla, es ley natural).

...

viernes, 29 de enero de 2021

Un poco de Tina

Todas las noches después de volver del trabajo mi esposo S me obliga a caminar por lo menos dos kilómetros como parte de mi rutina de ejercicios nocturnos pasadas ya la medianoche. Mi ruta es caminar desde mi casa hasta la noria del puente. Estoy gorda y un poco rolliza (mofletuda también) pero tampoco como para estar bajo tortura permanente todos los días.

 Todos, menos mi S, que dice que así rolliza y cachetona le gusto más, me dicen que estoy gorda, que parezco una foca, un sajino, un ropero con patas. Bueno, quién no ha estado un poquito subida de peso, y de barbitúricos y de queso Brie y de María. Sé que estoy gorda y que soy una foca y que me parezco a Jabba the Hutt, pero me da igual, no me encrespo, no me agobio. Soy una gorda a propósito, soy una gorda de peso, con carácter, soy gorda por elección porque prefiero ser gorda comiendo queso Brie y tomando vino todo el tiempo que ser una flaca escuálida con cara de mamagüevos. Soy gorda porque tengo una relación promiscua con los los quesos, el jamón Joselito y el vino.

A mí me gusta comer, como buena peruana golosa y orgullosa de su comida y como buena gorda que vive y come como ibérica. También soy muy floja para hacer ejercicios, ya quisiera ser como mi esposo, que le encanta hacer yoga, estiramientos, correr y sudar, sudar la gota gorda, aunque la única gorda soy yo.

Todas las mañanas despierto antes que todos para ir a la cocina y tomar una buena copa de mi merlot favorito y empacharme con una buena tajada de queso Brie trufado y luego esperar mi desayuno dietético, microscópico, como para astronauta en la estación espacial. Un batido de espinacas y limón, una tostada y jamón de pavo, como si eso fuera suficiente para este bólido de cien kilos. Imposible, yo sin mis jamones no camino, no pienso y no escribo. Yo, sin el vinito mañanero no soy feliz. 

Me he dado cuenta que yo soy un jamón y, que probablemente cuando muera en el epitafio de mi lapida diga: "He aquí Martina Sadoc, quien en vida fuera embajadora de jamón Joselito, buena esposa, buena madre y buena amante de los embutidos ibéricos y de los vinos franceses, y adicta entre otras cosas al queso Brie trufado".

Soy una gorda judía adicta a los embutidos ibéricos, soy judía porque mi mami es judía y mi abuela también lo era, y tengo una relación promiscua con los quesos franceses en especial con el queso Brie trufado de Toulouse. Soy gorda y mórbidamente golosa, melosa y libidinosa por la comida no me preocupa; no me importa lo que digan los demás respecto a mi estado de salud y aspecto físico (como buena peruana que soy, me llega al huevo). Varias veces he intentado hacer dieta y ponerme en forma (en forma de bola), hacer ejercicios y mejorar mi salud pero realmente no quiero, no me apetece, lo que si me apetece es una buena tajada de queso ahora mismo, lo he intentado todo: la dieta del jengibre, para quemar grasa, la del limón, para no comer jamón, la del pollo, para bajar los rollos y hasta la del lagarto (esa mejor no explicarla). Y, no puedo, no puedo bajar de peso, cada día peso más. 

Mi destino es ser gorda pero una gorda feliz y ensimismada.

domingo, 24 de enero de 2021

A Sasha

Quise intentarlo todo pero no pude 

Quise intentarlo todo pero me detuve


Quise intentarlo todo y sentí pavor

Quise intentarlo todo y te pido por favor


Quise intentarlo todo pero tenía frío y tropezaba

Quise intentarlo todo porque sentía que me amabas


Quise intentarlo todo y no me arrepiento 

Quise intentarlo todo pero cada vez que escribo algo, siempre invento.


Quise intentarlo todo pero siempre siento

Quiero intentarlo todo, todo hasta mi último aliento

viernes, 1 de enero de 2021

Mal decido

El que no corre, vuela

El que no borre, (seguro le) duela

 

Renovarse o morir

Rebuscarte o huir

 

El que mucho abarca, poco aprieta

El que mucho opaca, poco alberga

 

El que calla otorga

El que falla otorga

 

A la tercera va la vencida

A la primera va la suicida

 

Piensa mal y acertarás

Piensa amar y te acercarás

 

Lo que no mata engorda

Lo que no mata te desborda

 

Pienso, luego existo

Siento, luego insisto

 

Borrón y cuenta nueva

Borrón y sienta de nueva

 

Apaga y vámonos

Apaga y encendámonos

miércoles, 30 de diciembre de 2020

La oveja caniche

Estoy atrapado en Escaldes, no es la primera vez que estoy atrapado en una ciudad lejana a mi país de origen e intuyo con vaticinio ancestral que no será la última. Ya he perpetuado todas mis obligaciones en este pequeño país en el medio de los Pirineos, entre los Pirineos franceses y los Pirineos  catalanes, y digo catalanes y no españoles porque Cataluña es un país, digan lo que digan Cataluña es un país aparte y no tienen nada que ver con España, que a su vez, es un país que me parece mediocre y eternamente empobrecido. 

La noche transcurre con normalidad en el casco antiguo de Escaldes, es invierno y como es natural, hace frío extremo, glacial, un frío polar que cala en lo más profundo de mis huesos y no aguanto. Quiero regresar al calor y a la humedad de mi país de origen. Hace tanto frío aquí, en el barrio antiguo de Escaldes, que no me queda más remedio que hibernar como una marmota o como un murciélago o como un oso. Naturalmente siempre tengo frío, ya sea en verano, incluso en los días caniculares de agosto, donde el calor es abrasador y en esta casa de madera aún más. En invierno, como debe de suponerse, me muero de frío, y digo que me muero de frío porque de verdad quisiera morirme para no sentir frío. Estoy atrapado en una casa vieja, de no menos de cien años de construida, en el barrio antiguo de Escaldes, En los Pirineos occidentales. 

Mientras intento escribir, porque siento que siempre he sido escritor, imagino cuál será el próximo capítulo qué escribiré o qué mentira bien intencionada publicaré próximamente o qué anécdota de mi vida privada expondré a la luz. Reviso como de costumbre mi bandeja de entrada y he recibo un correo electrónico de mi madre, que vive en mi país de origen, que dice así: "Hola, hijito. Tu papi se ha comprado una casa de un millón de dólares en La Punta, dile que yo digo que te compre una a ti también, para que te vuelvas de una puñetera vez y dejes de vivir solo, como un ermitaño–No se equivoca, vivo así por puro gusto o más bien por puro disgusto–en ese país del orto. Espero me hagas caso, hijo. Un beso, mamá."


Es martes y es invierno y hace frío gélido y seco en Escaldes, estoy atrapado, amordazado por un sistema que solo te lleva al consumismo frenético en este pequeño pueblo en en las montañas, por eso he decido con ahínco, que será mejor que no salga de casa en lo que resta del año y hasta el fin del primer trimestre del año que viene. Lo hago porque como debe ser de conocimiento público y popular, soy exageradamente friolento, definiría que el frío que yo siento es exagerado para otras personas que están a mi alrededor y a la misma temperatura que yo. Es un tipo de frío que solo yo siento y que resulta cómico, y a veces inexistente para los demás (yo lo siento y es lo que importa). No saldré de casa para evitar el frío inclemente que me azota, al parecer solo a mí, y,  porque me gusta disfrutar de la vida familiar, me gusta estar siempre en casa, rodeado de mi esposa S y de nuestra hija Emma, y, como tengo una relación promiscua con el frío, sé que la mejor opción en este invierno carcelario que me toca vivir en este pequeño pueblo en las montañas, es quedarme en casa, sin salir, pidiendo delivery desenfrenadamente, leyendo los libros que me quedan por leer, escribiendo los capítulos que me quedan por escribir, cocinando los platillos favoritos de mi esposa S y nuestra pequeña Emma, comiendo olivada de arbequina como si no existiera un mañana, tomando vino y comiendo jamón todas las tardes después des almuerzo pseudo saludable que preparo con vegetales frescos y quinua (siempre tan rica y nutritiva), comiendo queso Brie como un famélico adicto a los lácteos franceses y engordando como una nutria con problema de tiroides. 


No puedo regresar al Perú porque no tengo a donde llegar, o porque mis estándares de vivienda auto impuestos, no me lo permiten. Me he acostumbrando a vivir de una manera sosegada, distante, en un mundo utópico, todo esto dentro de mi cabeza. No puedo volver a Lima porque además de no tener un lugar ideal para vivir, los vuelos internacionales entre Europa y Perú están cancelados indefinidamente. Estoy atrapado, estoy secuestrado por el destino y sus casualidades. El azar o la diosa fortuna me tienen subyugado a esto que llamamos la vida, que al final no es más que un suceso intempestivo de cosas que pasan, eventos que suceden sin querer y que nos conducen a través de un serpentín de golpes, caídas y eventos desafortunados de los cuales uno nunca logra recuperarse del todo.  


Sentado en el living de la casa vieja y antigua y enmohecida en la que habito en el barrio antiguo de Escaldes, recuerdo la vez que estuve atrapado en otra ciudad. Era mayo y tenía que tomar un vuelo desde Arequipa hasta Lima, todo esto por el día de la madre. Yo no celebro el día de la madre porque no soy madre y mi madre no celebra tan ridícula fecha. Estoy obligado a ir a saludar a mi ex suegra.

Yo, que detesto subir a los aviones, tenía que hacer un viaje corto de menos de tres horas, y debía presentarme en el aeropuerto, que parece más bien una estación de buses, a las seis de la tarde, ni un minuto más tarde. Mi ex novia y ex amante Shoshana me esperaba ansiosa, con aires de diva, con tres maletas llenas de manjar blanco, lo que los argentinos conocemos como dulce de leche, alfajores, dos docenas de guargüeros,  cuatro telares bordados a manos por nativas de una comunidad en las alturas de la sierra arequipeña, diez quesos olorosos y diez botellas de anís Najar, para mi ex suegra, que siempre tiene el aliento alicorado y un tanto con olor a órganos muertos, por ejemplo el hígado. Estoy saliendo de la casa de campo que comparto con unos amigos, a una hora en carretera de trocha, del aeropuerto. Llevo quince minutos manejando en una carretera rural, llena de piedras y de baches que hacen que me duela la parte baja del cuerpo, mis partes nobles, cuando de un momento a otro siento que el coche trastabilló y nos elevamos por unos segundo y volvimos a caer en seco, y el coche paró la marcha. Bajé, apurado y molesto porque tenía menos tiempo cada vez, y reviso el coche por la parte del capó, no hay nada, reviso la parte del maletero y, por la experiencia agraria y ganadera de vivir un año en las montañas arequipeñas, me doy cuenta que había arrollado a una cría de oveja, no muy grande, casi del mismo tamaño que un caniche. 

–¡Me cago en todo!–me van a matar–sentencio–. Shoshana me va a matar si llego tarde al aeropuerto y los characatos lo harán por atropellar a una oveja caniche. El vuelo despegaba en menos de cuarenta minutos. Desesperado y sin que nadie me vea, cercioré que el animal estuviese muerto o al menos camino a una muerte inminente, lo deposité en la maletero del auto y continué la marcha a toda prisa para llegar al aeropuerto antes de que se vaya el vuelo y antes que Shoshana se moleste conmigo. Llego, estaciono el auto, que se quedará en el estacionamiento del aeropuerto un par de días, bajo y entro al counter y la veo con tanta pose de diva con sus maletas llenas de productos regionales y licores fortísimos para mi ex suegra avinagrada, que prefiero saludar y ponerme a lado de ella para esperar que nos llamen para embarcar. 

–¿Por qué te has demorado tanto?–pregunta.

–Tuve un percance con las ruedas del auto y paré en una llantería en Sabandía–miento con aplomo y con profesionalismo–.

–Bueno, está bien, estoy emocionada por ver a mi madre, hace meses que no la veo y quiero darle una sorpresa–la sorpresa la tengo yo, dentro del maletero del auto, pienso-.

Tomo unos somníferos y pido varias copas de vino en el salón vip, antes de embarcar y espero que hagan efecto. 

Durante el vuelo que dura dos horas aproximadamente, tengo terribles pesadillas y siento mucho frío, más de lo habitual, tal vez el alma en pena de la cría de oveja caniche que he atropellado y he ayudado a morir dentro del maletero de mi auto, me está atormentando, así que cuando estoy a punto de despertar y vuelvo a la realidad no me queda de otra que confesarle a Shoshana mi terrible desventura con la cría de oveja caniche.

–Shosh, tengo que decirte algo–estoy re nervioso, por las pesadillas y por las pastillas, que han hecho efecto contrario–.

–¿Dime?–pregunta en un tono seco, aburrido, porque está leyendo una revista de modas, esas que vienen en el avión.

–He atropellado a una cría de oveja. Creo que está muerta y está en el maletero del auto en el estacionamiento del aeropuerto.

–¡Qué dices! ¡Estás loco! ¿Me estás hueveando, no?

–¡No te lo puedo creer, eres un reverendo huevón!

–Lo sé y lo siento–me disculpo pero no lo siento de verdad–.

–Cuando volvamos a Arequipa nos van a arrestar por tener un cadáver de oveja caniche en el maletero–se lamenta–. Y te van a denunciar por maltrato animal y secuestro y asesinato.

Los somníferos, el vino y un par de caladas de un porro en la puerta del aeropuerto, han hecho efecto y en efecto he quedado profundamente dormido a escasos minutos de aterrizar.

Cuando despierto, estamos de vuelta en el vuelo hacia Arequipa. Han pasado dos días y no recuerdo nada y ya me he olvidado de mi ex suegra avinagrada y macerada y del cadáver de la oveja caniche que dejé dentro del maletero de mi auto en el estacionamiento del aeropuerto. Parece que Shoshana también lo ha olvidado porque después de aterrizar y pasar los controles aduaneros, nos dirigimos al parking y pide que abra el maletero para guardar las tres maletas que trae cargadas desde Lima con comida congelada y productos que sólo se encuentran en la capital del Perú.

–Abre la maletero, por favor. Estoy re cansada, solo quiero llegar a casa– Me dice con una voz un poco fastidiada por el viaje de dos horas.

–Dale, ya está. ¡Abre!

–¡Me cago en Dios! ¡Qué mierda hace este animal muerto en el maletero!

Ha gritado tan fuerte que el guardia de seguridad, un hombre andino, de menos de un metro y medio, se acerca y le pregunta si todo está bien, mete la cabeza al maletero y grita igual que ella: "Conchsesumare', señorita, qué hace esto acá, tengo que llamar a mi superior, esto es un crimen animal", ambos me miran como si supieran que yo atropellé a esa cría de oveja caniche hace dos días atrás.

–¡Huele a mierda!–Digo, haciéndome el consternado y le pregunto al segurata con tono pícaro: "Amigo, ¿Crees que habrá manera de solucionar este pequeño impasse? Tal vez, pueda darte unos viáticos generosos para estos días, tal vez te puedo enviar a ti y a tu familia a visitar el Santuario de la Virgen de Chapi"

–Uy, no, mi estimado señor, ¿Cómo se llama usted?– me pregunta,–Sadoc, Martín Sadoc–le respondo.

–Mire mi estimado señor Sadoc, yo soy un guardia insobornable, totalmente íntegro y muy pío, así que tendré que llamar a mi superior para que le levanten un acta por asesinato animal en agravio de la pobre oveja caniche.

–Pues no me parece, no me parece que usted tenga que llamar a un cuarto para solucionar esto, nosotros acabamos de llegar de Lima y estamos muy ocupados para perder el tiempo con esto. Este cadáver no lo conozco, no sé que hace aquí dentro, seguro lo puso alguien, algún bromista chacarero– miento porque estoy asustado y porque he olvidado que yo puse a la pequeña oveja semi muerta en el maletero para no llegar tarde al aeropuerto.

–Además, yo soy superintendente del servicio de inteligencia regional, ya es mucho que sepa mi nombre y mi apellido, así que con su permiso, señor oficial (le digo oficial, para que se sienta con autoridad) o sin su permiso me paso a retirar que tengo que dar un informe a mis superiores.

Enciendo el auto, Shoshana está en el asiento del copiloto y las tres maletas acomodadas en los asientos traseros, cuando me dispongo a salir del estacionamiento, el pequeño pseudo oficial segurata del aeropuerto hace una señal y de pronto, dos patrulleros, perfectamente nuevos se acercan desde atrás y por el altavoz me gritan: "Alto ahí, señor Sadoc".

Piso el acelerador, derribo la vaya de seguridad y emprendo la huída, sin saber a donde voy, porque intuyo que ya saben que vivo en el pueblo de Characato, a una hora del centro de la ciudad. En el camino, intento, torpemente, de deshacerme del cuerpo del delito, o del cuerpo de Benito, porque así he bautizado a la oveja caniche que murió gracias a mí y a mi mala suerte con los autos.

Es de noche, no sé si la policía o el inspector oficial segurata de metro y medio del aeropuerto me buscan. He tirado el cuerpo de Benito a una chacra, así, imagino, que los cóndores se lo comerán al amanecer. Llegamos a casa después de dar vueltas más de cinco horas, debido a la paranoia que se apoderó de mí. Dejamos las cosas, escondo el auto debajo de una lona negra, un poco gastada y tomo lo que me quedan de somníferos, fumo un cigarro de marihuana y caigo profundamente dormido.

Al despertar muy temprano en la mañana parece que he olvidado que ayer maté a una oveja caniche y salgo a comprar el pan, como es habitual, voy al horno de piedra que es comunal y cada uno puede llevar su pan y hornearlo, pero yo no llevo  pan para hornear, yo llevo dinero para comprar el pan in situ. Saludo a los locales como de costumbre y hablo con Benigno, el panadero de confianza que siempre me vende el pan caliente. Cuando de pronto escucho que alguien alza la voz y grita: "Benigno, atrapa a ese rufián, él es el que se ha llevado a Benito, lo ha matado, lo ha guardado en su maletero dos días y luego te lo ha tirado en tu chacra"–me cago en Dios–pienso y salgo corriendo.

–¡No se vaya señor Sadoc!–grita Benigno.

–¡No se vaya, no sea cobarde!–grita el pseudo oficial de metro y medio.

lunes, 28 de diciembre de 2020

Soy yo, yo soy

Soy agnóstico pero rezo en los aviones. Soy materialista pero no me gusta ir de compras. Tengo amor propio pero soy autodestructivo. Soy autodestructivo pero con espíritu constructivo. Soy narcisista pero con impulsos suicidas. Soy libertino pero no me gusta el sexo. Soy libertario pero no sé lo que es eso. Creo en la democracia pero no me gusta ir a votar. Creo en el sexo seguro pero soy sexualmente inseguro. Soy impúdico pero no me gusta andar desnudo. Soy heterosexual pero asexuado. Me gusta leer pero no leerme. Me gusta escribir pero no que me escriban. Soy provocador pero ya no me provoca serlo. Hablo de mi vida privada pero nunca de mi vida pública. Soy frívolo pero profundamente. No consumo drogas pero las echo de menos. Creo en el amor a primera vista pero soy miope. Me gusta ir contra la corriente pero sólo si sirve a mi cuenta corriente. Soy un mal escritor pero una buena persona. Soy una buena persona pero no cuando escribo.



sábado, 19 de diciembre de 2020

Jubilado

Estoy molesto porque mi padre no quiere comprarme una departamento para vivir en Lima y porque no quiere adelantarme más de la herencia anticipada que ya no es anticipada. Estoy molesto porque mi madre no quiere que me quede unos días con ella. Estoy molesto porque ella, no lee lo que escribo. También estoy cabreado porque mi esposa tampoco me lee -seguro para preservar nuestro matrimonio- y si le pregunto por alguna de mis publicaciones hace como si las hubiera leído.

Estoy hasta los cojones de mi hermana Miriam porque además de no leer lo que escribo, me debe cien mil dólares. Me mintió y me aduló hasta que invertí  la plata en un juego piramidal que salió mal. No solo eso, también me robó el coche para irse de fiesta con sus amigos de Barcelona. Es una cabrona, me encanta su viveza y su picardía, tiene como un fuego interior que hace que nunca pare de meter la pata e intentarlo otra vez y así muchas veces, yo a su edad era bastante más tranquilo y cómodo. Es mi hermana menor y la quiero mucho, aunque  ella no lea lo que escribo.

También estoy molesto con mi vecino Jose, que siempre está haciendo ruidos de viejo borracho y solitario, siempre gritando y moviendo cosas a altas horas de la noche. Y, que cuando está borracho, beodo y achispado, pone la música a todo volumen y retumba por toda mi casa. Cuando esta alicorado es más buena gente que cuando está sereno. Porque cuando está sobrio, cuando no ha chupado una semana entera, es retraído y no saluda. Como si supiera dentro de sí, que yo sé que es un borracho tonto y medio maricón. Yo lo sé Jose, a ti te gusta comer a veinte uñas, putita.

Estoy muy enfadado con mi padre porque no ha cumplido el trato que teníamos respecto a mi retorno a Lima y ahora me tengo que quedar un invierno más en Europa y eso no me gusta porque no me gusta el frío extremo que hace en los Pirineos. No quiere regalarme un departamento en Lima. Estoy bastante harto y ya me di cuenta que se ha vuelto tacaño y un poco mamerto. Es generoso pero no sé que le ha pasado últimamente. 

Mi madre, que todos los días dice que me extraña, se ha negado sutilmente a que me quede unos días en su casa mientras buscaba un lugar cómodo para vivir en Lima. 

Tristemente, mi S, el amor de mi vida, tampoco me lee, dice que me lee pero no entiende los que escribo y no le gusta, por eso no me lee, dice que no tiene tiempo y que leer un poquito ya le da mucho sueño y se entrega a los brazos de Morfeo.

En cambio, estoy feliz porque estoy jubilado a los treinta años y tengo tiempo para estar en casa con mi S, y con Emma, nuestra hija. He decidido, y estoy muy orgulloso, no volver a trabajar nunca más en mi vida. Voy a dedicarme a tiempo completo a ser un amo de casa, y a escribir cuando Emma me lo permita.









domingo, 13 de diciembre de 2020

Religiosa sin serlo

Yo soy agnóstica, no soy religiosa, soy lujuriosa pero no religiosa, soy racional por eso no puedo ser religiosa. Pero me vuelvo religiosa cuando me conviene y depende de la época del año soy más o menos religiosa, por ejemplo cuando mi papi, que es un hombre muy religioso y muy creyente y muy fanático, me escribe me tengo que hacer la religiosa, me hago la religiosa porque quiero seguir recibiendo de su herencia anticipada.

Martina, hija, ¿cuándo vas a ir a la sinagoga?, tienes una sinagoga hermosa justo a lado de tu casa.

Yo no voy a la sinagoga, papi.

Ay, hija, si no vas al templo no podré seguir mandándote tu adelanto de herencia. Tú sabes que yo soy muy generoso pero también hay que ser agradecidos con el Señor, hija. Tú antes eras muy creyente, hijita, ¿qué te ha pasado?, -se lamenta-.

Yo antes era un poco religiosa pero era por conveniencia, cuando quería que me compren algo o cuando quería viajar, por ejemplo. Pero, ahora soy agnóstica y también soy lujuriosa y nunca pienso en ninguna religión porque creo que están creadas para idiotizar al ser humano.

No ha pasado nada, papi, ¿si voy a la sinagoga seguirás adelantándome la herencia?, es que me gusta mucho que me ayudes con ese dinero extra, me viene bien cada fin de mes, miento, porque a parte de agnóstica y convenida soy tacaña, judía y marihuanera.

—No seas interesada hija. Te cuento que voy a mover el dinero que tu abuelo me dejó de herencia, no sé si llevarlo a Lima o ponerlo donde vives tú.

—No sabía nada sobre ese dinero, papi. ¿Es mucho?, ¿lo quieres meter aquí en Andorra? ¡Ni hablar!, estos andorranos son unos ratas, se van a quedar con la plata.

—Por eso eres mi hija favorita, Tina, creo que lo pondré en el BanBif de Lima, el gerente del banco es mi amigo, tu tío Luchito, ¿te acuerdas de él?

Sí, papi, es el papá de Diego, mi ex novio, ¿el tío Luchito no es el que se tiraba a su empleada en la misma casa donde se tiraba a la tía Denisse?, pobre tía Denisse, se quedo loquita y terminó tirándose del puente Villena.

—Tú solo te acuerdas de lo más feo, bueno, él mismo. Esta plata que me dejo tu abuelo, que en paz descanse, la voy a repartir entre mis tres hijos, como otro adelanto de herencia.

—Yo estoy excitada, estoy afiebrada de solo pensar cuánto dinero me tocará y cuánto vino y queso Brie voy a comprar con ese dinero. Papi, ¿cuándo me darás mi parte?, es que con S y Emma estamos pensando de volver a Lima y nos queremos quedar un tiempo por allá.

—Hijita, hay un problema, estoy pensando que no te puedo dar tu parte porque no estás en el camino correcto en este momento. 

—¿Qué quieres que haga para que me inscribas en el libro de la vida y me llueva maná del cielo?

Primero deberías dejar de escribir y fumar marihuana, eso no lo ve con buenos ojos el Señor, Tina.

Pero, a mí me gusta en demasía fumar marihuana, papi, me gustan las drogas y también me gusta escribir y más aun cuando estoy colocada. Pero, si es un requisito dejaré de fumar María y me compraré esas pastillas para dejar de fumar.

Dejar de escribir no puedo, si no escribo me vuelvo loca, si no escribo el vino y el queso Brie se me suben a la cabeza, papi. Voy a terminar como la tía Denisse, la esposa del tío Luchito, que se tiró calata del puente Villena.

Bueno, Tinita, ¿y cómo sé que vas a dejar de fumar marihuana?, siempre me estás mintiendo con el tema ese. Te has enviciado como tu madre.

Te lo juro por Emma y por S también, papi. ¿Algo más?

Sí, hijita, tienes que ir al templo, yo te he criado y educado en la religión judía, hija, tienes que congregar y hacer shabbat y contarle a Emma de dónde venimos y quién nos ha salvado siempre. Y, también tienes que hablar con el rabino Bermegui, es mi amigo y él me dirá si vas o no. ¡Y deja de comer jamón Joselito!, porque yo sé que comes jamón Joselito cuando tomas vino y comes queso Brie.

Ya, papii, lo haré. Y, le enseñaré a Emma nuestras costumbres e iré a la sinagoga también, le diré a S que me acompañe y que se ponga la kipá que le regalaste.

Muy bien hija, pero hay algo más. 

—¿Qué más?

Tienes que decirle a S que se convierta al judaísmo, ya tengo organizado todo, lo haríamos en Israel, más rápido, tengo un primo que es rabino de una yeshivá sefardita y nos hace rapidito el favor. Ese es mi sueño, otro hogar hebreo más en el mundo y así poco a poco repoblar nuestra tierra.

Papi, S no es judío y menos sionista, pero si eso te va a hacer feliz, y a mí, por la herencia, lo vamos a hacer, hoy en el almuerzo se lo voy a plantear y ojalá me diga que sí pero si me dice que no, ¿qué hago? ¿y si no quiere que le corten el pipilín?

Ay, Tinita, por dos millones de dólares seguro que te dice que sí y que se lo corte yo, todavía.




jueves, 10 de diciembre de 2020

Cuando el día termina

A una hora de partir a casa, sé que no es el momento adecuado para volver a esa silla y dilucidar todo lo que siento y pienso a la vez.
Ahora con el amor y con la compañía correcta, todo sucede así:

Su nombre es S y me ha salvado la vida y cómo diría alguien que admiro en demasía, contra todo vaticinio, caí rendido ante su noble y entrañable corazón.

Ella, que su nombre es S, es quien me ha salvado la vida más de una vez. Y, ha tenido el tesón de aceptarme como soy y, además la valentía, el coraje, el denuedo y la gallardía de vivir a mi lado y yo a lado de ella.

S, mi amiga, mi amante, me ha demostrado con el acto de desprendimiento más entrañable del ser humano, con la demostración de amor más pura y con una actitud heroicamente acrisolada que el amor y la amistad existe. Ella, mi amiga, mi mejor complemento espera a quien será un bienaventurado por excelencia.

Han pasado setecientos veintidós días desde que la felicidad y el amor se encarnó en mí.

Gracias por tanto amor y gracias por tanto amor hacia nosotros.


miércoles, 9 de septiembre de 2020

Qué buen Porridge

Que hoy haya fumado un porro y que mañana vaya a fumar también, no me hace adicta. Que fume cada fin de semana o cada vez que se pueda no me hace una porreta, porque a ver, a quién cojones no le gusta aspirar ese humillo bendito, rico y sanador, ese humillo que te pone feliz y aleja de la realidad caótica.
No nos hagamos los tercios, a mí me gusta mi marimba desde chica, más o menos desde los trece años, me gusta el THC, mi cuerpo es cien por cien receptivo al THC. La María y yo hacemos simbiosis y nos va super bien.

Yo, Tina Sadoc, escritora de cuentos, esposa fiel y casera, no puedo escribir si no me he fumado mi porrito antes, no puedo escribir, me bloqueo y me pongo fina, me enfado y me cierro. No es que sea adicta sino que con el humito bendito de mi marimba, se me abre la mente y me salen más palabras y escribo más rápido como  si estuviera en una competencia de redacción.

Yo solo soy adicta a mi esposo, mi S, mi galán siete años menor que yo, mi cebollita, mi chiqui, como le digo de cariño, que me pone gata y lujuriosa cada vez que me da besos en el cuello. Las demás drogas las puedo dejar cuando quiera, ellas no me dominan, yo las domino a ellas. Con mi marimba pasa igual, cuando no quiero, no fumo, pero yo siempre quiero, porque querer es poder y lo que yo quiero es poder fumar siempre un porrito armado en papel de celulosa, verde, purito verde. 

A mi esposo S, no le disgusta que yo de vez en cuando me arme un troncho y lo prenda, incluso dentro de la casa, él también es devoto de la María pero por ahora dice que no es bueno que los dos estemos colocados por si nuestra hija Emma nos necesita, adoro su instinto paternal, simio y protector. 

Mi papi, que es bastante religioso y de derecha no es marihuanero, ha sido periquero de joven, porque es de derecha y economista y anti aborto y anti todo, no esta de acuerdo con que yo sea fumarola y que me guste en demasía  la hierbita verde que me prendo cada vez que puedo. 
Tampoco está muy contento que digamos con que a mí me gusten, a demás de mi marimba, las pastillas, el Valium, El Xanax y el Tramadol, me encantan o me encantaban pero desde hace varios años desde que me casé con mi S, ya no las necesito. Prefiero mi maconha natural, orgánica, sin aditivos, pura y hermosa. Si mi S fuera marimba seguro que me lo fumaría sin reparos, porque amo a mi S y amo la maconha que me prendo cuando puedo.

Mi madre, que también se llama María, y de cariño de decimos Rosita, está feliz porque ella también fuma marihuana, consume marihuana y aceite de marihuana para tratar diversos males, entre ellos: depresión, bipolaridad, personalidad múltiple, mitomanía, hepatitis C y cáncer de piel. Y, parece que la marimba le resultado beneficiosa para sus dolencias y para sus ansiedades. Poco a poco a dejado de tomar veinte pastillas diarias a darle un par de cales a un porro, una vez al día. Desde que Rosita ha empezado a comer y a fumar cannabis su humor a cambiado y está más ecuánime y ya no parece reloca cuando me llama por videollamada y quiere ver a mi hija Emma. 
Según su psiquiatra se ha sanado de la depresión y de las personalidades múltiples, aunque yo creo que por ahí le quedan dos o tres personalidades que están escamoteadas dentro de ella. Y también se ha recuperado de bipolaridad, ahora es tripolar pero, qué importa es mi mami y así la quiero, aunque esté re loca y sea una tía limeña marihuanera y mitómana.

Yo no soy viciosa y menos adicta, yo soy Tina Sadoc y soy escritora vaga pero no dependiente del cannabis, soy independiente de mí misma y si fumo y si fumaré mañana es porque tengo buen gusto para todo, incluso para fumar mi marimbita.




jueves, 11 de junio de 2020

Papi, ¿puedo sembrar hierba en la casa?

 Mi papi, que es un hombre de derecha, un conservador de aquellos, que es una máquina de hacer dinero, que es un judío ex banquero hijo de un judío mercader, jamás se imaginó que tendría un hijo como yo, porque yo soy la antítesis de mi papi, yo soy un marihuanero profesional, soy un artista al que le gustan las fiestas y la vida bohemia.

Yo no quise ser banquero ni ex banquero tampoco, mientras estaba en la universidad San Ignacio, que es una universidad para ricachones de derecha, siempre quise ser lo opuesto a mi papi ya toda mi familia, el dinero y el regentar la empresa familiar nunca me quitaron el sueño, lo que yo quería y quiero y hago es ser un marihuanero, quiero viajar y estar drogado todo el tiempo, a parte de marihuanero también soy pastillero y eso me viene por el lado materno, me encanta ser pastillero, soy un boticario, soy un naturista pero también un pastillero marihuanero y lo único que quiero es no ser como mi papi, un judío de derecha que todos los días habla de dinero.

lunes, 11 de mayo de 2020

Virgilio Laur

Doblando la esquina de la calle Los Acres me encontré con Virgilio Laur  mi asistente, mi amigo o mi amiga no sé (mi único amigo). Virgilio era el asistente que cualquier jefe quisiera tener, él manda a lavar mi uniforme, lo recoge y me lo lleva a mi casa todos los días. El muy mariconsuelo estaba de camino a mi casa con lo mismo de siempre: Una botella de mi agua mineral preferida, mi uniforme y una sonrisa de oreja a oreja.

Después de que había estado flipando por lo menos  media hora, no se me quitaba la idea, esa idea que trasformaba, esa idea que no me dejaba trabajar tranquilo.

Caminábamos calle abajo hacia el trabajo y de repente veo a Gabrila a lo lejos que venía calle arriba con quien ahora era su nuevo esposo, un tal Benjamín de la Rua, un banquero hijo de banquero y nieto de banqueros. Preferí esquivar la mirada y ponerme atras de Virgilio, mi asistente y mi escondite perfecto en ese momento, para evitar que me viese y que tenga la obligación incómoda de saludarme y yo de saludarla. Ay, Virgilio, qué sería de mí sin tu cuerpo robusto que también sirve de escondite en casos de emergencia o de pánico escénico.


jueves, 2 de mayo de 2019

Un amor sui géneris

S, que con brío y osadía cruzó el Atlántico para acercarse más a mí, a nosotros.
Que con la altísima impavidez, que solo demuestran las mujeres de grandes cualidades afectivas, se enfrentó a un juicio insano e innoble por parte de un puñado mezquino de familiares atosigados por el miedo y dogmatizados por sus verdades absolutas y su relación promiscua con la fe.

Sorteando una especie de guerra familiar entre los Montesco y los Capuleto, cuyo fin era sino el de separarnos.

Verónica, alias útero de mantequilla, quien por muchos años fue una buena persona para mí se ha convertido en el punto de mis bromas y de mis infamias, se ha vuelto insignificante pero no tanto para dejar de mencionarla, alguien que intentó con su vileza y innoble lengua, enlodar mi nombre y mis sentimientos hacia el amor más puro, S.
A punta de paparuchadas y sarandajas intentó menguar mi credibilidad y mi reputación, obteniendo por supuesto cero resultados en su vil intento de opinar basándose en su vida como ejemplo moral y ético.

A pesar de tal altercado poco loable y casi poético con la familia, ella logró emprender el viaje hacia mí, hacia nosotros Y quince horas de travesía cuando se espera el amor no se lo recomiendo a nadie.

Ella, quien controla y encamina mis días, llegó presuntuosa y malhumorada al principado y llegó para arreglarlo todo con la eficacia de los pulidos y experimentados, con el amor de una compañera y con el temple de quien encuentra el amor en alguien muy diferente y poco común.

Recuerdo ese día y lo he agregado a la lista de los mejores días de mi vida, porque volver a pensar en aquel día es volver a sentirse amado a cualquier hora del día

Porque solo ella hace que quiera escribir

Soy, entre otras cosa, una escritora, escribo porque no sé hacer otra cosa, soy un desastre con los negocio y por eso escribo pero escribo cuando puedo porque me da pereza escribir, también me da pereza trabajar, no me gusta trabajar, no me gusta depender de nadie excepto de mi papi, que tiene mucho dinero y me apoya para que siga escribiendo, aunque no está muy de acuerdo con que sea escritora y marihuanera, porque a parte de escritora, soy fumona y pastillera.

Cada mañana al despertar busco la inspiración del día para poder abrir mi computador y también abrir mi mente y poder escribir. Para buscar la inspiración prefiero fumar un porro verde, lleno de marihuana pura, y poder escribir libre. Seré tan libre que mi familia tiene miedo cuando escribo, porque cuando escribo no paro, no tengo temor de el qué dirán, me chupa tres huevos lo que piense mi familia, mi papi y tu puta madre, yo escribo porque es lo único que sé hacer en esta vida, porque soy una treintañera marihuanera y pastillera que odia trabajar y prefiere escribir desde su sofá en el barrio de Escaldes en el Principado.

Además de escribir y fumar y no trabajar, tengo un gusto innato por los vinos. Me he pasado todos los años de mi vida joven y adulta bebiendo vino, porque el vino me encanta y el vino combinado con los porros puros de marihuana y las pastillas me hacen escribir mejor.

He gastado todo mi dinero, que es mucho, en vinos franceses caros y de las  mejores cosechas y de las mejores bodegas, porque soy así, me encanta el vino y me ayuda a escribir y si le sumo una buena tajada de queso Brie podría pasar todo el día escribiendo, entre vinos, queso Brie, porros de María puros y pastillas. 



miércoles, 14 de diciembre de 2016

Han pasado 2 años 1 mes y 13 días

Te vuelvo a pensar y cuando trato de no hacerlo te veo y te siento en el plano lírico.
No entiendo por qué lo hago y lo siento a pesar de tantos tantos años, doce.
¿Es que acaso al otro lado del mundo sigues siendo inolvidanle como el primer día?

Eres y seguirás siendo la persona por la que más siento en este mundo.

RFNR

miércoles, 6 de julio de 2016

Mi abuelo del barrio de Miraflores

A mi abuelo el comunista que tomaba vinos franceses y comía queso Brie

Soy nieta de un sociólogo famoso, un sanmarquino poeta y mitómano, un penderejete, un bohemio y un amante de los libros, un hombre comunista y de pensamiento rebelde, un comunista que vive como un capitalista en el barrio de Miraflores. 
Todos los domingos del verano mi mamá me llevaba a la casa de mi abuelo comunista en el barrio de Miraflores, para comer tallarines en salsa roja que él mismo cocinaba, siempre recuerdo que nos subíamos en su bicicleta con dos asientos y manejábamos hasta el mercado de Surquillo para comprar los ingredientes para preparar la pasta y la salsa, mi abuelo el comunista que vivía y comía y bebía como capitalista, siempre me decía que lo esencial para una buena salsa roja eran los tomates. Los tomates tenían que estar maduros para que la salsa tenga la acidez perfecta. No sé si era por la acidez o porque cada vez que mi mamá y yo íbamos a verlo tenía que comprar más tomates para la salsa roja y los tomates maduros siempre están más baratos, seguro en su alma roja y socialista y en su espíritu comunista de derecha, no quería gastar dinero en más tomates para nosotros.

Mi abuelo fue quien me enseñó dos cosas importantes en la vida, primero, el amor por la buena lectura y segundo, a surfear en la playa la Herradura en la Costa Verde.
Él era un amante de los libro y cuando yo era pequeño esperaba toda la semana para que sea domingo y mi mamá me lleve a casa de mi abuelo para comer pasta con salsa roja y para después del almuerzo ir a la biblioteca de mi abuelo en el segundo piso de su casa y escoger un libro al azar y quedarme toda la tarde noche leyendo y leyendo libros que a esa edad seguro no entendía mucho y ahora tampoco..
También esperaba toda la semana el domingo, porque a demás de subir a la biblioteca de mi abuelo y mirar los cientos de libros que almacenaba en sus estanterías altas, sabía que en una caja debajo del asiento de su escritorio guardaba cigarrillos ya armados de marihuana noventera, marihuana que el cosechaba de su jardín interior al que muy pocas persona podían entrar.

Si supiera que cada vez que iba le robaba un libro y un porro.




miércoles, 29 de octubre de 2014

La Vie

A Gabriela,

Todas las mañanas me despierto así, siempre estás en mi mente desde que te conocí, todo el tiempo que perdimos y gastamos haciendo cosas que nos disgustaban y enojaban a los dos.

miércoles, 22 de octubre de 2014

Compañía de oro

A Monsieur T,

Ahora que no te veo todos los días y no puedo cruzar miradas con vos, siento que me hacés falta, siento que no sonrío como lo hacía antes y ahora que no te puedo observar mientras conversas con tus clientes en tu biblioteca de la calle Belgrano, me siento sola, tu mirada me acompañaba y me llenaba de ilusión. Ver tu cabello rojo y tus mejillas llenas de pecas me ponía caliente, vos me ponés re caliente y eso es lo que extraño. También extraño tu acento afrancesado de Conques al sur de Francia.

Sé que no te volveré a ver porque me mudé y tuve que alejarme de ti por voluntad propia, o no tan propia, y porque estás comprometido y te vas a casar con tu novio argentino, sé que querías que sea una amiga para ti pero nada más que eso pero yo no quiero ser tu amiga solamente, tampoco quiero ser tu novia argentina y ya. Lo que yo realmente quiero es que seas mío y mío en el sentido sin sentido. Te quiero enseñar todos los libros que he leído y explicarte todo lo que aún no entiendes por tu corta edad. Quiero leer a Camus junto a ti en mi casa nueva en el carrer de Rocafort en Barcelona, quiero beber una copa de vino junto a ti y junto a ti quiero recitar poesía y también quiero enseñarte toda la música que me gusta y quiero que me enseñes toda la música que te gusta y que me enseñes todos los libros que has leído y que quieres leer, porque así me imagino contigo. Te echo de menos y te extraño y extraño verte sonreír a tus clientes y extraño que me busques la mirada mientras paso y paso y vuelvo a pasar solo para verte, solo para mirarte, solo para tratar de entenderte y de conocerte a través de las miradas, que son más sinceras que las palabras.

lunes, 20 de mayo de 2013

Han vuelto

Desde las penas más duraderas hasta las felicidades más efervescentes son descritas por mí en este espacio que nadie lee ni debería leer porque de una u otra manera sabrían que fui yo, una loca desolada, terriblemente entristecida, re loca y re fumona, que escribe porque no tiene con quien hablar. 

Hoy es su día, feliz día, amores míos. 
Hoy pienso en ambas al mismo tiempo. 
Son frías, mentirosas y perras fieles. 
A una se le ocurrió morirse, a la otra le importó un carajo y sigue viva, sin remordimientos ni miramientos antes de pescar una nueva víctima.

Nacieron el mismo día, tienen la misma voz y los gustos casi idénticos. 
Ambas son del barrio de San Isidro y han estudiado en el mismo colegio, El Belén.
Mis dos últimas ex novias han sido muy buenas amantes, eso no se puede negar, pero si tengo que escoger, y a mí se me da muy bien escoger, me quedo con Shoshana Waisman. 

Si tengo que elegir el amor que sentí por cada una, creo que, no escogería a ninguna, no las amé, solo las quería pero sin más. Un cariño joven, inexperto y perturbado.

Enhorabuena las he conocido y gracias al azar o al destino que ya estoy con ellas, porque era autodestructivo, un trio tóxico y corrosivo. 

Gabriela es una persona taimada, tímida y algo inexperta, pero mala, en el fondo una cucaracha gorda, sin ser gorda, una mujer joven pero insana, esquizofrénica y torpe, profundamente religiosa y cucufata. Una oligofrénica del orto.

Shoshana Waisman, en cambio, es una mujer hermosa, morena, y muy judía, re drogadicta y adicta, en su momento, a mí. Desinhibida como ella misma, una loca promiscua que es incapaz de mantener un compromiso con alguien, o de mantener promesa, incapaz de mantenerse sobria porque siempre está hasta arriba de coca y de pastillas barbitúricas.

Salud.




domingo, 6 de enero de 2013

2013

Son las nueve y estamos lejos, son las nueve y te he descubierto, son las nueve y me equivoco. Son las nueve y me alboroto.