Fragmento,
Ayer, después de casi dos meses volví a ver a Nina. Estaba nervioso, me sentía asombrado y asustado y pensaba que nunca más volveríamos a vernos o por lo menos no tan pronto. No sé si fue coincidencia o alguna emboscada muy bien tramada por alguien. Pero nos volvimos a ver. Estaba sentando en el patio de comidas del aeropuerto y de repente después de decir tanta paparruchada con mis amigos, la veo a lo lejos caminando hacia nosotros, no me vio pero yo sí a ella, estaba mirando su celular, como leyendo un mensaje como si leyera indicaciones de que hacer. No sabía que hacer, así que seguí hablando como si nada estuviera pasando, como si todo fuera igual, como si nunca la hubiera visto.
No creía hasta que lo vi, no creía que se acercaría a nosotros para saludarnos, y yo me incluyo. No la creía capaz. Por supuesto que me equivoqué. Me equivoqué con ella y contigo también, me equivoqué y no supe como controlarlo.
Fue un beso hipócrita, un saludo poco amistoso y casi obligado. Me quedé en estado sólido, no sabía que hacer ni que decir. No porque eso haya revivido antiguas pasiones, sino porque no pensaba verla en tan corto tiempo y mucho menos en el mismo lugar de nuestros antiguos almuerzos. Gracia a mi buena suerte para eventos desafortunados, que no sucedió lo que me temía y mucho menos algo que atente contra mi integridad física -es algo exagerado, lo sé-.
Su estadía fue breve, casi de inmediato se fue y desapareció tras un conocido y no muy buen restaurante, antes de eso logré oír que se le había perdido la cartera, algo poco usual en una persona tan cuidadosa como ella. Lo peor había pasado. Pero estaba nervioso. Estaba callado. Estaba sorprendido. Estaba atontado.
Nina no pensaba volverte a ver, Nina no quería verte tan pronto, Nina no te extraño, pero te echo de menos...
No hay comentarios:
Publicar un comentario